Ruta de 5 días por Salkantay: Aventura, Naturaleza y Machu Picchu

La ruta de 5 días por Salkantay en Cusco es una de las experiencias más memorables para quienes desean explorar los paisajes andinos, sumergirse en la cultura local y descubrir uno de los misterios más fascinantes del antiguo Perú: Machu Picchu. Este recorrido es una alternativa distinta al famoso Camino Inca, brindando una aventura que combina naturaleza, historia y cultura en un solo viaje. Para muchos, esta travesía es la perfecta oportunidad de desconectar de la vida cotidiana y conectar con la belleza natural que ofrece la región.
El camino de Salkantay no solo destaca por sus paisajes impresionantes, sino también por el nivel de esfuerzo y superación personal que implica. Desde caminar entre montañas nevadas hasta atravesar selvas y sitios arqueológicos, cada día ofrece una experiencia única que se quedará en la memoria de quienes se atrevan a recorrerlo. Además, la variedad de ecosistemas que se atraviesan, desde glaciares hasta bosques tropicales, hace que cada tramo sea una aventura en sí misma.
Este itinerario de 5 días ha sido diseñado para quienes disfrutan de la naturaleza en estado puro, además de tener interés en la historia antigua y en la cultura quechua. La combinación de campamentos, caminatas, visitas a sitios históricos y la llegada final a la majestuosa Machu Picchu hacen que sea una opción muy completa para viajeros activos y apasionados por la exploración. Sin duda, esta ruta se convierte en una vivencia que va más allá de lo turístico, convirtiéndose en un viaje al alma del Perú y sus paisajes inigualables.
Día 1: Desde Cusco a Mollepata y Humantay
El punto de partida de la ruta de Salkantay comienza en Cusco, capital histórica y cultural del antiguo imperio incaico. Los viajeros son recogidos temprano en sus alojamientos y trasladados en un autobús hacia el norte, en dirección a Mollepata. Este trayecto es una oportunidad para apreciar los primeros paisajes de montaña y las pequeñas comunidades rurales que salpican el camino. La emoción de comenzar una aventura de varios días se siente en el aire, acompañada de la expectativa de lo que vendrá en los próximos días.
Al llegar a Mollepata, los visitantes suelen detenerse para desayunar y prepararse para la parte más activa del día. Desde allí, el camino continúa hasta Soraypampa, que es el punto de inicio para explorar la laguna Humantay. La caminata de aproximadamente dos horas hasta este hermoso espejo de agua es sencilla, pero requiere cierta preparación física, ya que el terreno puede ser empinado y el aire del altiplano a veces se siente con mayor intensidad. La laguna Humantay, rodeada de picos nevados y con aguas de un intenso color turquesa, invita a los viajeros a tomar fotografías, descansar y absorber la paz del entorno natural.
El tiempo en Humantay se comparte con la contemplación de los paisajes y la profundización en la importancia cultural y espiritual que estas montañas tienen para las comunidades quechuas. Durante esta primera jornada, la conexión con la naturaleza comienza a fortalecer el espíritu de aventura y descubrimiento. La noche se pasa en un campamento cercano, donde se puede disfrutar de la comida tradicional y prepararse para el día siguiente, que promete ascensos mayores y vistas inolvidables.
Día 2: La cima del Salkantay y el paso a la Amazonía

Este segundo día del recorrido marca un punto crucial en la travesía, ya que implica la ascensión al paso Salkantay, a aproximadamente 4,650 metros sobre el nivel del mar. La caminata comienza temprano en la mañana y es uno de los momentos más desafiantes, pero también de mayor recompensa. La sensación de estar en la frontera entre la tierra y el cielo, rodeado por glaciares y picos nevados, es algo que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer. La vista panorámica que se obtiene desde este paso es impresionante, permitiendo observar los picos Humantay, Tucarhuay y Pumasillo, que parecen custodiar la región.
Durante el ascenso, los viajeros experimentan cambios en el clima y la vegetación, contemplando una diversidad de ecosistemas que van desde la tundra de alta montaña hasta praderas alpinas. La sensación de logro al llegar a la cumbre es inmensa, y desde allí se pueden tomar fotografías que reflejan la belleza majestuosa de los Andes peruanos. Después de descansar y reponer energías, el descenso comienza hacia la selva, en una transición que simboliza la variedad y riqueza del territorio peruano.
Ya en la parte baja, en la zona de Chaullay, el ambiente se vuelve mucho más húmedo y cálido, aproximadamente en las puertas de la Amazonía. Aquí se realiza un almuerzo en un lugar que invita a intercambiar historias con otros viajeros y a apreciar la riqueza gastronómica de la región. La noche se pasa en un campamento rodeado por la vegetación tropical, en un escenario muy diferente al que se dejó en los días anteriores. La combinación de alturas extremas y selva exuberante en solo un día representa la diversidad geográfica del Salkantay y la magia del Perú natural.
Día 3: Traversía por bosques y cascadas
El tercer día de la ruta de Salkantay continúa la exploración en uno de los entornos más verdes y llenos de vida: los bosques nubosos y las plantaciones de café, plátano y aguacate que rodean la región. La caminata implica atravesar senderos que serpentean entre árboles, con muchas paradas para avistar aves, flora y pequeños animales que habitan estas zonas. Además, el recorrido pasa por diversos sitios naturales y culturales, haciendo de este día una experiencia enriquecedora en todos los sentidos.
Uno de los puntos destacados de esta jornada son las cascadas y las fuentes de agua cristalina que se encuentran en el camino. La más conocida es la cascada de Collpapampa, que invita a detenerse, refrescarse y disfrutar del entorno. Después, el recorrido continúa hacia las aguas termales Cocalmayo en Santa Teresa, un espacio perfecto para relajarse y aliviar el cansancio de la caminata anterior, disfrutando del calor de las aguas y la tranquilidad del bosque. En este punto, la naturaleza muestra su cara más acogedora, con un ambiente que invita a descansar y a conectar con la tierra.
Durante la tarde, el sendero sigue adentrándose en una región cada vez más frondosa, con aromas intensos de flora tropical y frutos exóticos. La vida aquí se manifiesta en cada rincón, y la interacción con los habitantes locales en las pequeñas comunidades enriquece aún más la aventura. La noche en el campamento se convierte en una oportunidad para contar historias, compartir experiencias y prepararse para el día siguiente, que promete visitar sitios arqueológicos con vistas únicas hacia Machu Picchu.
Día 4: Llactapata, ruinas y llegada a Aguas Calientes

El día comienza con una caminata relativamente corta desde el campamento hasta llegar a las ruinas de Llactapata, un sitio arqueológico que ofrece una excelente vista panorámica de Machu Picchu en la distancia. Este lugar fue utilizado por los antiguos incas para la agricultura y como punto de vigilancia, y actualmente conserva vestigios que permiten apreciar la arquitectura y planificación de aquella época. La vista que se obtiene desde aquí es uno de los puntos culminantes de la ruta, pues permite imaginar cómo era la vida en aquel entonces y entender la cercanía cultural entre los diferentes sitios arqueológicos.
Tras explorar Llactapata, la expedición continúa su camino por las vías del tren, descendiendo rápidamente hacia el pueblo de Aguas Calientes. Este tramo en tren es una forma de conectar con la historia y la modernidad, y la vista del río Urubamba y las montañas que rodean la camino resulta impresionante. En Aguas Calientes, los viajeros se alojan en hoteles confortables, con tiempo para descansar y explorar la encantadora ciudad, famosa por sus aguas termales y su ambiente vibrante. La noche en este pequeño pueblo es una antesala de la llegada a Machu Picchu, un momento que muchos consideran el premio mayor de toda la travesía.
La noche en Aguas Calientes también brinda la oportunidad de disfrutar de la gastronomía local, en restaurantes que ofrecen platos típicos peruanos como el cuy, el ceviche y la papa a la huancaína. Es un momento de relajación antes de la gran visita al monumento histórico. La expectativa crece, y el corazón late con más fuerza pensando en lo que significará recorrer las calles, templos y terrazas de la ciudadela inca al día siguiente. La magia de esa noche radica en la espera y en la preparación mental para uno de los momentos más importantes del viaje.
Día 5: Ascenso a Machu Picchu y regreso a Cusco
El último día de esta aventura comienza muy temprano, con un desayuno en el alojamiento y la salida hacia la entrada de Machu Picchu, la joya del turismo peruano. La caminata de ascenso puede realizarse por las escaleras o en bus, dependiendo de la preferencia de cada viajero, pero en ambos casos, la emoción y la expectativa son inevitables. Al llegar, la sensación de encontrarse frente a una de las maravillas del mundo antiguo es indescriptible. La majestuosa ciudadela muestra su esplendor, rodeada de montañas y envuelta en una historia que perdura desde hace siglos.
Durante aproximadamente 2.5 horas, un guía experto acompaña a los visitantes en un recorrido por los principales puntos de Machu Picchu, como el templo del sol, la plaza principal, las terrazas agrícolas y otros sitios emblemáticos. Cada rincón revela detalles de una cultura avanzada y sofisticada, que aún hoy sorprende a arqueólogos y viajeros por igual. La visita también ofrece tiempo libre para tomar fotografías, reflexionar sobre el legado incaico y absorber la energía que emana de cada piedra y rincón de este lugar sagrado.
Tras la visita, los viajeros desandan el camino para regresar en tren a Cusco, poniendo fin a esta ruta de Salkantay que combina aventura, paisajes de ensueño, historia y cultura. La llegada a Cusco por la noche significa la despedida a un viaje que probablemente permanecerá en el recuerdo por siempre. La experiencia de recorrer estos paisajes únicos y descubrir sus secretos permite comprender mejor la diversidad del Perú y el valor de preservar su herencia natural y arqueológica. Sin duda, esta ruta de 5 días es un homenaje a la resiliencia, belleza y alma de la región, una vivencia que invita a regresar siempre que sea posible.

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